miércoles, 28 de noviembre de 2012

HISTORIAS BONITAS

El otro día escribía que gracias al blog me han sucedido un montón de cosas bonitas y estos días limpiando el ordenador del trabajo me acordé de una historia genial que sucedió cuando comenzaba el blog.

Un día a través de Trilceunlugar me escribió Llur que es un catalán muy salado con una tranquilidad pasmosa, aspecto de lord vagabundo y un sentido del humor fantástico. Llur y yo pasábamos por aquel entonces cientos de horas en el trabajo y a veces nos escribíamos. Yo le contaba las historias de los Polígonos de los Mares del Sur y él me contaba las historias de Remei.

Llur siempre decía que todas las historias crecen a partir de una anécdota. Su trabajo, afirmaba, era un refugio de fósiles vivientes. Cuando Llur trabajaba por la tarde, coincidía con su compañera Remei, solterona, con peinados años 40 del día de la tortilla. Llevaba siempre la ropa de su madre, muerta ya, hacía años, con sus peinados planchados; Remei, no la muerta. En fin, un espécimen del siglo pasado, más antigua que su edad, sesenta debía tener, y bueno, cuidaba de su padre, y lo tenía en un superpedestal siempre: el meu pare por aquí, el meu pare por allá.
el meu pare por aquí, el meu pare por allá.
Mujeres con peinado del día de la tortilla




Por aquel entonces un día Llur se compró un abrigo. Remei vio el abrigo y le dijo:

─ ¡Ah, que abrigo tan bonito!, mi padre tiene un igual. Y tiene los mismo botones. ¡Te queda molt bé!

Y entonces…nada, aquel día nada, le dio la vara con el maldito abrigo, que si mi amigo lo llega a saber ni se lo compra ni nada.

Al cabo de unos días, Llur al irse a merendar se puso el abrigo y… ¡le faltaban los dos botones de en medio! ¡Se los había arrancado Remei para el abrigo del padre! ¿Y qué le iba a decir? Pues nada…Se lo contó a una doctora y a mí y nos reímos un rato. Si la acusa se monta un pollo que se entera toda Badalona que Remei es espabilada para lo que quiere.

Cuando viene la gente y le dice:

─ ¿Me puedes atender?

Se hace la loca y dice:

¡Ah no, yonoooo, yo noooo.
Entonces Llur pensaba esto, pero nunca se lo decía...


Además es comedora compulsiva de dulce, a las seis se iba a merendar, cuando las demás habían vuelto al tajo, para arramplar con todos los restos. Está bastante gorda, la bata casi no le cabe pero ella se la pone por cojones, y bueno, eso, que se comía las sobras, y un día las compañeras le pegaron la bronca, por eso, por comer, no por la bata y como es la más susceptible del mundo pues se subía su paquete de madalenas y se hartaba de ellas, claro y ya no tocaba nada de las demás, en teoría, más o menos. Pero un día llegó a la conclusión de que las madalenas le salían caras, y dejó de comprarlas, es tacañísima y encontró la solución: coger los paquetitos de azúcar de la máquina de café. Se llenaba los bolsillos con los sobres de azúcar, los bolsillos de la bata a punto de reventar, y los iba sacando durante la tarde y se hacía la disimulada a ratos, se sentaba al lado de mi amigo y cuando se metía un sobre en la boca, su cabeza se giraba como la cabeza de la niña del exorcista, ¡Qué tragaldabas! Y le iba quedando en las comisuras  de los labiosazúcar un poco caramelizada por culpa de la saliva, y con tanto dulce y el sopor de la tarde se quedaba dormida y hasta roncaba todo ello de cara al público, con la bata a reventar y esa cara parecida a  el abominable hombre de las nieves. Y en lugar de un centro sanitario aquello parecía el tren de la bruja...





Ahora Remei no dedica su tiempo libre a nada, porque ya se murió su padre también. Vive con su hermana que tampoco está muy católica y las echan de las cafeterías porque a veces cuando van a merendar chocolate con churros intentan sustraer el Hola del Salón de té.

 Mi amigo Llur estaba tan obsesionado con Remei que comenzó a escribir un diario personal de ella, y se pasaba con ella que no veas, de alguna manera se tenía que desahogar, imaginaba a Remei teniendo sueños eróticos con su padre, frotándose con la almohada y claro eso asustaba mucho, porque Remei aparte de estar gorda de sobredosis de azúcar, era bastante virgen. El diario se titulaba: Diario de una pobre desgraciada de las de antes…

Llur me mandó un dibujo de Remei por fax y todo para que le pusiera cara. Un día os lo enseño…