viernes, 16 de noviembre de 2012

LO BELLO


La belleza como tal no existe. No hay objetos bellos. Al igual que el concepto sublime de la filosofía estética, ambos responden a una crisis en los modos de experimentar el mundo y que están  estrechamente relacionados con los procesos de industrialización de las economías.

 

 
 
 

Vivimos tiempos de  obsesión enfermiza por el canon de belleza que nos dictan los medias. La estética como metáfora del retoque es una autopista directa a nuevas e inquietantes enfermedades que tienen como base la creencia de que para sentirse integrado socialmente se tiene que encajar en un canon estético concreto. La belleza se ha vuelto una industria millonaria que se diversifica desde la belleza personal hasta los objetos que nos rodean en nuestras vidas. ¿Dónde está el valor de lo bello? ¿Es acaso la belleza un valor en sí mismo o algo es bello porque remite a otro concepto?




Antiguamente la belleza refería a lo bueno. Bien y Belleza eran términos asociados. Hoy es difícil afirmar que algo bello es necesariamente bueno. Esta disociación es quizás lo que ha vuelto frívola a la belleza. Se busca la belleza con ansiedad, como para calmar un vicio. Quizás este cambio de significado es lo que nos permite dudar de la belleza como un valor absoluto. Según W.T.J. Mitchell: “hay una gran diferencia entre lo buscado, lo que se ve y su lectura, porque esto último depende de lo que nuestros ojos se han acostumbrado a ver y nuestras mentes a interpretar”.