jueves, 18 de abril de 2013

LO INESPERADO



Lo peor de todo son las cosas que no te esperas. Como ese choque de trenes violentísimo del que hablaba Gómez de la Serna: ese choque del que nadie se explicaba como había podido suceder, pues todas las señales habían sido hechas y las agujas habían funcionado bien. Nadie se lo explicaba, pero era bien sencillo. Las dos máquinas, llenas de una ferviente sensualidad, se habían querido montar. Estaban cansadas de verse de lejos y de no verse en el vértigo de los cruces, que era cuando más cerca estaban: cansadas de llamarse con pitidos, de desearse con nostalgia.

Cuando esas máquinas se abrazan surge, por lo terrible y lo impetuoso, el gran desastre: chocan entre sí todos los malhechores leves, los sindicalistas malayos, las mujeres de los mecánicos y los detectives miopes, y entonces alguno puede decir que aparece lo épico: la trepidante aventura, en su perfecto trazado de accidente, llega a su tierno, catastrófico y espectacular final.