Pero el tiempo… el tiempo primero nos encalla y después nos confunde. Creíamos ser maduros cuando lo único que hacíamos es estar a salvo. Pensábamos que éramos responsables pero solo éramos cobardes. Lo que llamábamos realismo resultó ser una manera de evitar las cosas en lugar de afrontarlas. El tiempo… que nos den tiempo suficiente y nuestras decisiones más sólidas parecerán temblorosas, nuestras certezas fantasiosas.
El sentido de un final, de Julián Barnes (Anagrama, 2012)

Me asusta la bofetada de realidad que el tiempo ha de darme en toda la cara. Ésto me ha "aplastado", querida Rosa, casi tanto como leer a Pessoa. Seguimos...Mil besos
ResponderEliminar