martes, 6 de agosto de 2013

IN-COMUNICACIÓN

La abuela esperaba al cartero cada mañana en el banco de la plaza del pueblo para ver si traía correo del abuelo que estaba en una guerra por equivocación y porque le había tocado.
La madre paseaba por una carretera que no iba a ningún sitio porque era donde trabajaba el  padre. Cuando él la miraba, ella rezaba para que todavía se le notara el pintalabios que había pedido prestado.
Los hermanos desaparecían con el sonido del teléfono fijo. Era fácil encontrarse al otro lado  del cable con sus novias y  las palabras.
A ella  le ha tocado meterse cada 20 segundos en  Facebook para ver a quién escribe el que no le escribe. No sabe si darse de cabezazos contra su muro o cambiar su estado de soltera por el de “vaya puta mierda”.