La abuela esperaba al cartero cada mañana en
el banco de la plaza del pueblo para ver si traía correo del abuelo que estaba
en una guerra por equivocación y porque le había tocado.
La madre paseaba por una carretera que no iba a ningún sitio porque
era donde trabajaba el padre. Cuando él
la miraba, ella rezaba para que todavía se le notara el pintalabios que había
pedido prestado.
Los hermanos desaparecían con el sonido del teléfono fijo. Era fácil
encontrarse al otro lado del cable con
sus novias y las palabras.
A ella le ha tocado meterse
cada 20 segundos en Facebook para ver a
quién escribe el que no le escribe. No sabe si darse de cabezazos contra su
muro o cambiar su estado de soltera por el de “vaya puta mierda”.

Yo tampoco sé si reír o llorar...jaja...Pero recuerdo que a los veinte me paseaba por una calle para arriba y para bajo, sólo por encontrarme con un él cuando salía de la biblioteca a fumarse un cigarro. Hoy en día supongo que dejaría los paseos y subiría directamente las escaleras hacia la segunda planta de la biblioteca. Paso de darme cabezazos contra un muro....Bico, Trilce
ResponderEliminarA mí sin embargo me gustaba verte caminar con tus andares despistados y tu abrigo rojo por el barrio. Y hacerme el encontradizo para que me sonrieras como tú solo lo haces.
ResponderEliminarA ti seguro que te persiguen, Vera. Con lo bonita que eres...
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