Los recuerdos se los comieron de golpe, tan rápido como si abrieran la nevera después de cinco días de estricta dieta. No quedó ni una miga que pudiera ofrecerse como prueba de antiguas complicidades.
Nunca se supo quien había ganado la última partida, ninguna se preocupó por preguntarlo.
De vez en cuando coinciden e inventan monólogos de patética felicidad imposible basada en la creencia de otros planetas.
Ya nadie compra flores para las amistades.

las amigas se fueron en bicicleta
ResponderEliminar