jueves, 27 de febrero de 2014

LUGARES EMBLEMÁTICOS

El recuerdo más preciso  de mi niñez es la textura de la barra de La Bobia. Pasaba la mano por ella con un deseo de pertenencia eterno. Era mi hogar, el lugar al que quería pertenecer. Y aquel olor, el olor de aquellos adorables despojos humanos incapaces de dormir, me hacía sentir en casa. Recuerdos inexplicables que se adhieren como tatuajes a la piel y jamás se olvidan, el tacto de la barra de La Bobia y mi fascinación por todo lo que allí sucedía.

No había más sonido que el de la conversación que se elevaba con el humo por encima de nuestras cabezas. El elemento más sustancial del bar no era la bebida que allí se ofrecía sino el ambiente que creaban todas aquellas personas con sus conversaciones y risas. Salomé, El Indio, Raiworld, El Marqués Pedanti, Pipa, Trotepota, Violeta Voladizo, Merri La Maga, Ernetti, Las Youngs y la auténtica PacaMalón con aquella filosofía tan suya, tan auténtica: 


― Eres muy guapa, nena, ― decía moviendo sin parar sus manos de uñas infinitas y esmaltes imposibles―así que ya te vas a espabilar pronto para ganar dinero, porque sin dinero nena… no coche, no chorbos, no vicio, no rímel y billete directo a la mierda. Como yo, que estoy tiesa. Voy a esnifar un poquito de esmalte. No te invito que eres muy joven para lo bueno ¡Estoy histérica! Por favor, mátame cuando vuelva.