jueves, 6 de febrero de 2014

¿Y LAS TÍAS DE QUÉ HABLAMOS?

Tíos. Todos esos tíos. Todo el día juntos, fabricándose corazas para que no les hicieran daño. Como una pandilla de armadillos: pétreos por fuera, pero las entrañas tan blanditas...

Se me acaba de ocurrir un ejemplo, bastante triste, para definir una microsociedad adolescente de tíos; año 1987, siete de la tarde en casa de una de mis primeras novias, habiendo perdido la virginidad unos meses antes con otra de mis primeras novias. Haciendo fruki-fruki al lado de una ventana que daba a la calle donde estaba el bar al que íbamos a beber, dónde había quedado con todos mis amigos. Y yo, allí, haciendo fruki-fruki por fuera, tocando (con poca pericia) los sitios que se suponía que me correspondía tocar, pero por dentro pensando: A ver si acaba rápido esto, que me esperan los colegas.

"A ver si se acaba rápido esto"

Bueno, eso sí es triste.

Decididamente, no pedí ser así. Salió. Salió así.

Tíos. Hablando de tíos. Siempre tíos. Qué le voy a hacer.

Mil violines. KikoAmat