miércoles, 19 de marzo de 2014

PA-RA-DA


Al final de la ciudad, donde apenas llegan los latidos de bocinas de atascos, entre las cajas del hombre vagabundo que antes era gestor de grandes capitales y la mujer tortuga ex-relaciones públicas, hay una tertulia muy animada donde se trata siempre el mismo tema. Es una charla de pocas palabras y abundantes gestos donde un hombre de tres ojos cierra la boca y la echadora de nóminas cruza los brazos.

Al fondo han montado un garito extraño en una caseta de obra con una luz sórdida y un cartel que dice que pasemos sin llamar. El enano encargado y la señora de la limpieza me dicen que entre.

Cuesta cien euros  entrar y solo puedes estar allí  el tiempo de catorce parpadeos. Si al salir pagas otros mil y pones cara de no asombrarte por nada tendrás derecho a soñar con un trabajo digno una noche cada siete años.