lunes, 18 de junio de 2018

ESTO ES UN MENSAJE EN UNA BOTELLA

 
 
Resulta que al señor Refitolero y a mí nos gustaban las letras, los blogs, la música y el cine. Durante mucho tiempo nos escribimos desde nuestras tediosas oficinas. Me gustaba mucho escribirme con el señor Refitolero porque a veces me decía escribes muy bien, tienes que escribir más y me dejaba lista, preparada; más ancha que larga para la felicidad.  Una vez me besó porque le dejé y me llamó Fragola, desde entonces los helados de fresa tienen la forma de sus cuidadosos besos.
 
 Nunca he visto mucho al Señor Refitolero, más que nada para no decepcionarle, para que no piense que soy un Bluff oculto entre unas letras inventadas. Una vez el Señor Refitolero se fue a Praga, a lo mejor con una chica, quizá por eso o por nada le indiqué que me trajera un regalo. Me trajo un corcho muy gracioso con unas patas para tapar las botellas de vino abiertas. Aquel regalo me pareció una metáfora. ¿Cuántos años hace de aquello? ¿Diez o doce o un infinito? El caso es que sigo teniendo ese corcho y cada vez que abro el cajón de los cubiertos de mi casa de las afueras sin caos ni sencillez,  el cajón se atasca y el ruido de los cubiertos me grita con la voz del señor Refitolero: no sigas acomodada en la sombra.
 
Y cierro el cajón y sonrío en secreto al señor Refitolero que por ahí andará con su música y  sus libros en alguna selva incivilizada con todos sus sueños intactos.