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lunes, 12 de marzo de 2018

OLIVIA




Ha sido establecido científicamente que las mujeres no pueden volar, su cabeza tiende a innumerables y grandiosas fantasías y sus alas son demasiado pequeñas para soportar tanto anhelo. Según las estadísticas sencillamente no pueden volar, pero nadie se lo ha dicho a mi hija. Prometo decirle cada día todo lo contrario.

 Olivia volará...
 

miércoles, 14 de marzo de 2012

MIS MUJERES PREFERIDAS: MAEVE BRENNAN


Audrey Hepburn interpretó en Desayuno con diamantes uno de los más fascinantes personajes femeninos de la historia del cine. Muchas son las voces que afirman que  la adorable, frívola y hedonista Holly existió. Su verdadero nombre era Maeve Brennan y compartió fiesta y martini en más de una ocasión con el autor: Truman Capote.

Maeve fue, como todas mis mujeres preferidas, un espíritu rebelde y descreído. Tuvo una rígida educación católica que olvidó al comenzar a vivir en la ciudad de todos los fracasos  y los más brillantes sueños: Nueva York. Ella fue sin duda la musa y el espíritu dorado de aquella época  en Manhattan.

Inició su carrera periodística como comentarista de moda en la revista Harper´s Bazaar. Los años cuarenta y cincuenta fueron años excepcionales para el periodismo neoyorkino, que concentró en las revistas y suplementos de cultura a los mejores escritores, poetas y guionistas de la época. Brennan fue crítica literaria y redactora en The New Yorker, al mismo tiempo que W.H. Auden.

Con el seudónimo The Longwinded Lady (parodiaba con su epíteto  la idea misógena de que las mujeres "hablan demasiado") escribió unas maravillosas crónicas que son fiel reflejo de aquellos días. La escritora definió Nueva York de una manera airosa y sintética: "la más temeraria, ambiciosa, confusa, cómica, triste, fría y humana de todas las ciudades". En cierto modo, también  se podría definir de igual forma su manera de escribir. Brennan afirmaba que Nueva York es una ciudad peligrosamente inclinada, con sus habitantes aferrados a ella para no caerse y aún con humor para reírse de su situación.


Además de sus crónicas de ciudad; Maeve fue una escritora seria, rigurosa y perfeccionista, prolífica en relatos con gran dosis de humor y una gran variedad de matices, donde predominan la tristeza y la precisión amarga de los detalles. También publicó una breve novela De visita.  Si se tuviera que definir su obra con una frase me quedo con esta: Home is a place in the mind  (El hogar es un lugar de la mente.)

Maeve era deliciosa por otras muchas razones: su estilo elegante y peculiar, su tendencia a soñar y a concederse despreocupados lujos, su extravagancia, su belleza, su refinada excentricidad, su poética autoironía... Tuvo luz propia en la sociedad neoyorquina por su inteligencia y su ingenio, pero también por su abrumadora personalidad y elegancia. Esbelta y de pequeña estatura, le gustaba vestirse de negro y llevaba grandes gafas oscuras.  Su estilo sofisticado fue lo primero que abandonó cuando estallaron sus conflictos internos.

A las mujeres inteligente, bellas y soñadoras; la vida les cambia cuando se enamoran profundamente. Entonces dejan de ser princesas y se descubren brujas en una vida conyugal que jamás podrá ser domesticada por espíritus tan libres y ambiciosos de emociones. Maeve se enamoró y se casó con un redactor del New Yorker del que se decía que "bebía demasiado, era maníaco depresivo y sufría lo que él llamaba 'apagones' durante los cuales no siempre sabía quién era y su conducta podía llegar a ser muy errática. Se gastaba todo el diero que tenía pero nunca pagaba facturas porque era una ordinariez. Había tenido más esposas, todas guapas y encantadoras, pero ninguna le duró mucho porque enseguida se cansaba".

 El matrimonio, obviamente, duró poco y Maeve jamás volvió a ser la misma. Después de aquella triste historia comenzó a sufrir depresiones con brotes psicóticos. Empezó a frecuentar la vida vagabunda. Su aspecto que era elegante e impecable, se volvió desaliñado. En el inicio de su decadencia se alojó en hoteles baratos, pero en poco tiempo  hizo de la calle su lugar de residencia, con la obsesiva costumbre de acabar refugiada siempre en  lavabos de señoras. Durante la última década de su vida, Maeve Brennan se movió dentro y fuera de la realidad de una forma que resultaba desgarradora. En uno de los lavabos que habitaba escribió: "Cierto grado de autoestima es necesario incluso en los locos"


A Maeve la adoraban sus amigos, pero ninguno la pudo salvar de sí misma. Hay una frase de Brennan que alude a su conflicto vital. Dice así: "Lo único que tendremos que encarar en el futuro es lo que ocurrió en el pasado. Es insoportable"

jueves, 17 de junio de 2010

MIS MUJERES PREFERIDAS. GEORGE SAND:LA PRIMERA DANDY

Los orígenes de George Sand son novelescos. Aurora Dupin (su verdadero nombre) era bisnieta del rey de Polonia y nieta del Mariscal de Saxe, por vía bastarda. Los aristócratas del siglo XVIII solían tener hijos con queridas y cortesanas, esos niños quedaban relegados a una extraña situación; eran ricos y privilegiados de segunda clase. Su abuela paterna, gran lectora de Rousseau y Voltaire, sólo tuvo un hijo Maurice, el padre de Sand. La madre de la escritora era una francesita mantenida de un general, hija de un vendedor de pájaros del Sena, que había sido bailarina y prostituta. Se enamoraron de manera pasional y se casaron cuando Aurora estaba a punto de nacer, con la oposición total de la abuela paterna, una mujer dominante que más tarde amaría a esa nieta como el bien más preciado de su vida.

Su padre murió joven y su madre a causa de la terrible perdida tuvo descompensaciones mentales y decidió dejar a la niña con la abuela cultísima y de armas tomar. La niña recibió una educación privilegiada mientras comenzaba a desarrollar un comportamiento rebelde: usaba pantalones porque era mucho más cómodo, montaba a caballo sin compañía (algo impensable en la época) y estudiaba anatomía; una profanación absoluta en aquellos momentos. “Ni la estúpida coquetería ni el deseo de gustar a todos los hombres dominan mi ser” diría de sí misma. Su espíritu rebelde y libre hizo que la enviaran a un convento de monjas inglesas, donde pasó tres años.
La idea de vestirse como un hombre para andar libremente por París se la sugirió a Sand su propia madre: “Cuando yo era joven a tu padre se le ocurrió que me vistiera como un muchacho. Mi hermana hizo lo mismo, y así íbamos a todos lados a pie, con nuestros maridos, al teatro. Significó una gran economía en nuestros hogares”.“La idea al principio me pareció divertida y después muy inteligente. Como ya había estado vestida de varón en mi infancia y había salido a cazar con blusa y polainas no me resultó nada difícil volver a una vestimenta que no era nueva para mí. En ese entonces la moda ayudaba bastante. Los hombres vestían unas largas chaquetas rectas, que caían hasta los talones.(...) De modo que me hice hacer una chaqueta de grueso paño gris, con el pantalón y el chaleco iguales. Con un sombrero gris y una gruesa corbata de lana parecía un estudiante de primer año. No puedo expresar el placer que me produjeron mis botas, hubiera querido dormir con ellas (...). Con esos pequeños tacos herrados me sentía firme sobre el piso. Recorría París de punta a punta. Me veía capaz de dar la vuelta al mundo. Salía con cualquier tiempo, volvía a cualquier hora, iba a la platea a los teatros. Nadie me miraba ni desconfiaba de mi disfraz. (...) Pese a que en este extraño modo de vida no había nada de lo que yo pudiera avergonzarme, lo adopté teniendo clara conciencia de las consecuencias que podía tener sobre mi reputación y las condiciones de mi vida.(...) Sin embargo, parecía que el destino me empujaba. Lo sentía imbatible y estaba decidida a que así fuese; no un grandioso porvenir, era demasiado independiente en medio de mi fantasía para alimentar cualquier tipo de aspiración, sino tan sólo un destino de libertad espiritual y aislamiento poético, en una sociedad a la que no pedía más que olvido y condescendencia para que me permitiera ganar mi pan cotidiano sin esclavitud.” (Tomado de George Sand: Historia de mi vida, Parsifal, Barcelona,1990).


Al enfermar la abuela todopoderosa, Dupin salió del convento para volver al castillo familiar. La abuela no quería morir sin casarla. Su voluntad se cumplió y Sand se casó con Casimir Dudevant, un tipo bastante asqueroso, mujeriego y violento que disfrutaba ridiculizándola en público. Fue desvirgada de mala manera y sus relaciones sexuales no mejoraron con el paso de los años. En ese período de tiempo tiene dos hijos. Con la tranquilidad que da una herencia familiar, decidió pasar del marido y comenzar una nueva vida buscando el placer que no había encontrado dentro del matrimonio. Una anécdota curiosa es la que protagonizó su esposo antes de morir. Dudevant pidió al gobierno una orden de condecoración por haber tenido el coraje de aguantar públicamente el peso de su mujer. Y otra situación difícil de vivir: la escritora tuvo que sacar del colegio a su hijo adolescente porque todos sus compañeros decían que su madre era una “putaine”.

Al iniciar su carrera como escritora, cuando no era más que una aprendiz, presentó un manuscrito a un editor para que le diera su opinión. Después de leerlo, éste le respondió que una mujer no debería escribir y le aconsejó: “Querida señora, no haga libros, haga niños”. Desde ese día Sand se dedicó a desafiar las costumbres de su época y a demostrar que las mujeres podían tener una vida diferente. Su primera obra Indiana firmada con el que sería su pseudónimo para siempre “George Sand” fue un éxito arrasador.

Además de cuentos y obras de teatro, las novelas se sucedieron una tras otra: Valentina, Lélia, André, El marqués de Villamar, Consuelo, Mauprat, La charca del diablo, La pequeña Fadette, Francisco el Expósito, Ella y Él… Su estilo con el paso del tiempo se volvió más depurado, hasta llegar al período del impecable realismo campesino de Francisco el Expósito, una verdadera obra maestra sobre una joven molinera que cría un niño abandonado y una vez viuda termina casándose con él.


Mujer, muy mujer, disfrazada de hombre. Fue una romántica incurable para la cual los amigos y los amores lo eran todo.

La vida sexual de George Sand fue increíble. Fue una gran experimentadora e imaginadora que primero escribía y después ensayaba y vivía. En su vida sentimental hubo de todo: un matrimonio frustrante, que dio paso a un idilio con un joven escritor de 19 años, Jules Sandeau, que se colaba en su château por la noches para quedar ambos exhaustos y llenos de mordiscos, después de largas sesiones de sexo. Hubo también un amor lesbiano con una cantante de ópera Paulina Viardot-Garcia, que duró un suspiro “el inicio de un do de pecho”, porque Sand confesó que no soportaba durante mucho tiempo la compañía de ninguna mujer (no porque las considerara inferiores sino porque le parecían demasiado nerviosas). Una relación tormentosa con Musset con el que viajó a Venecia para vivir un idilio apasionado que se convirtió en una pesadilla, ya que ella enfermó y cuando se curó, fue él quien cayó enfermo. Entre medias apareció el médico que curó al poeta neurótico y se convirtió en el nuevo amante de Sand. Hubo bochornos, como el fallido intento con el donjuanesco escritor Prosper Mérimée (el autor de Carmen) que se jactaba de sus proezas en la cama, pero que con Sand no tuvo éxito, lo cual fue vox populi. Hubo varias relaciones con hombres más jóvenes en los cuales George Sand desplegaba una gran ternura maternal. Pero la mayoría de las veces, las relaciones que buscó Sand estaban llenas de varios componentes: erotismo, amistad, afecto físico, y grandes conversaciones o escritura epistolar. Si tuvo una lista sustanciosa de amantes de gran prestigio artístico e intelectual, era porque el tipo de relación que establecía aunaba el corazón, el sexo y el cerebro, en una mezcla indivisible. Todos los testimonios coinciden en que era más bien tímida y modesta, pero una vez instalada la chispa del carisma, establecía relaciones humanas profundas, inolvidables.

George Sand no era bonita: tenía unos ojos negros enormes e inolvidables, tal vez saltones, una señora nariz, una boca grande y deforme para el gusto de la época. El hecho de no haber sido una belleza y sin embargo haber sido tan amada y asediada por hombres jóvenes, habla de su inteligencia y del profundo magnetismo que su personalidad irradiaba.





Sin duda, el romance de su vida fue con el compositor y pianista Frédéric Chopin. No fue un amor a primera vista. El día que Liszt los presentó, Federico se escandalizó por la apariencia de aquella mujer masculina: ¿es una mujer? A su vez ella al percibir los modales femeninos de él preguntó: ¿Es una señorita? En el inicio de su relación llevaron una vida muy lúdica: jugaban cada noche al billar, se intercambiaban sus creaciones, se bañaban en el río y realizaban paseos por la campiña francesa. Sin embargo, salvo el primer año, prácticamente no tuvieron relaciones sexuales (el sexo no era el fuerte de Chopin), aunque nadie puede dudar de la intimidad física que mantenían. Quedan múltiples testimonios de cuánto amaba George a su “ángel”, a quien también llamaba Chopinet. Dicen que las mejores piezas de Chopin fueron compuestas durante su relación con Sand.
La admiración que sentían el uno por el otro fue mutua: George era mucho más que la enfermera del joven que esputaba sangre. Coordinaban los horarios: cuando él se iba a dormir, ella se quedaba escribiendo sus novelas hasta altas horas de la noche... Durante todos esos años, la tuberculosis del músico polaco no contagió a su mujer, a pesar de que, sin pruebas fehacientes, mucha gente daba por descontado que la tuberculosis era una enfermedad infecciosa. En efecto, cuando Chopin, Sand y los hijos de ésta pasaron Un invierno en Mallorca (en 1838, viaje relatado en el libro de este nombre), los mallorquíes, debido al mal del músico, los rechazaron como a la peste. El extraño y bohemio grupo tuvo que alquilar para vivir unas celdas en un monasterio abandonado, con algunos ex -monjes locos rodando por allí: la famosa Cartuja de Valldemosa.
Sand vivió y sobrevivió a casi todos sus amantes mientras escribía sin parar: "La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma." Murió a los 71 años, en junio de 1876, rodeada de su familia.

jueves, 29 de enero de 2009

MIS MUJERES PREFERIDAS VI:ALFONSINA STORNI

LA MUJER DE AGUA
Nace en Suiza. Con cuatro años su familia se traslada a Argentina. De origen muy humilde y con un padre alcohólico y violento. A los diez años comienza a trabajar en el café que regentan su padre y sus hermanos. Durante años trabaja en un taller de costura.
A los quince años y con la suerte de las casualidades sustituye a la actriz de una pequeña compañía que está de paso y se embarca con ella de gira por todo el país. Después de haber sufrido acoso sexual de un cacique, decide volver a su ciudad (Santa Fe) donde comienza estudios de Magisterio. Para poder pagarlos trabaja de celadora en la misma escuela, pero el dinero no le alcanza y los fines de semana comienza a trabajar de cabaretera. En esa época funda el Comité Feminista de Santa Fe.

Consigue ser maestra rural y publica algunos poemas en la prensa local, en esa misma época se queda embarazada sin estar casada. Asume de manera solitaria el compromiso del embarazo. Es mujer y quiere ser escritora sin dejar de ser mujer. Aquel tiempo es verdaderamente duro, pero se refugia en la soledad y en el amor que siente hacia su hijo a punto de nacer. Sigue sobreviviendo con trabajos ocasionales y se hace responsable de un Hogar para huérfanos belgas. La tensión de ser madre soltera a veces se le vuelve insostenible, el trabajo más difícil lo endulza con su decicación a la poesía amorosa: "para no morir".
ASPECTO
Vivo dentro de cuatro paredes matemáticas
alineadas a metro. Me rodean apáticas
almillas que no saben ni un ápice siquiera
de esta fiebre azulada que nutre mi quimera.
Uso una piel postiza que me la rayo en gris.
Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis.
Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo
que yo misma me creo pura farsa y estorbo.


En 1918 empieza a ser reconocida como poeta. la invitan frecuentemente a recitar sus poemas en locales socialistas, bibliotecas de barrio, modestas salas de teatro. Muchas mujeres la escuchan y se sienten identificadas con ella.

Publica cuatro poemarios en cinco años, escribe febrilmente, casi con desesperación, en los cafés, en el tranvía, entre clase y clase. Sus poemas son elaborados con precisión y mimo: los pule, los retoca, revisa los detalles y agotan su escaso tiempo. Resulta difícil armonizar los sentimientos y la razón: "Se me va de los dedos la caricia sin causa..."

"Soy superior al término medio de los hombres que me rodean, y físicamente, como mujer, soy su esclava, su molde, su arcilla. No puedo amarlos libremente, hay demasiado orgullo en mí para someterme". Es una voz que oscila entre la actitud combativa y arrogante y el dolor existencial. Sólo conseguirá ser cuando es escritora. "Escribir es defender la soledad en que se está" dice María Zambrano. Alfonsina asume ese aislamento, abre un hueco, un vacío donde mirar hacia dentro, reconocerse en su propio destino en soledad.

Gana dos premios Nacionales de poesía y eso hace que su economía mejore. Viaja a España en 1930 y más tarde a Italia.

En el verano de 1935 mientras descansa en la orilla del mar y las olas acaricias sus pies, de pronto una fuerte ola la golpea y un dolor agudo le atraviesa el pecho. Le diagnostican un cáncer de mama con ramificaciones. La operan. Tiempo silencioso, rodeado de miedo. Decide vivir sola. no quiere morir pero se niega a seguir violentos tratamientos médicos. Escribe a un amigo: "Parece que el mar dormita con el atardecer, que no tiene abismo, que es todo paz y serenidad...".

El 26 de enero de 1938 recibe una invitación desde Uruguay. La tres poetas más importantes de la América hispana se reúnen por primera vez: Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou y Alfonsina. En septiembre de ese mismo año publica su último poemario y reúne, ayudada por su hijo lo mejor de su obra en una antología poética.
El dolor sigue su curso mientras viaja a Mar del Plata. Dolor. Escribe su último poema: "Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame...".La madrugada del 25 de octubre, una furiosa noche de primavera, llega a la punta del espigón del Club de Argentina de Mujeres frente a la playa de la Perla. No lo piensa más y se queda allí entre los peces y los pulpos. Por fin vuelve al mar. Ya puede descansar.
Información extraída de Mi casa es el mar. Tania Pléitez. Espasa Biografías
ALFONSINA Y EL MAR
Mercedes Sosa
Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más
Un sendero sólo de pena y silencio
llegó hasta el agua profunda
Un sendero sólo de penas mudas
llegó hasta la espuma
Sabe Dios qué angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada
en el canto de las caracolas marinas
La canción que canta en el fondo
oscuro del mar la caracola
Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños dormida,
Alfonsina, vestida de mar
Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos
harán una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado
Bájame la lámpara un poco más
déjame que duerma, nodriza, en paz
Y si llama él, no le digas que estoy
dile que Alfonsina no vuelve
y si llama él, no le digas nunca que estoy
Di que me he ido
Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
dormida, Alfonsina, vestida de mar

jueves, 6 de noviembre de 2008

MIS MUJERES PREFERIDAS II- HEDY LAMARR


La primera anécdota frívola que me viene a la memoria al hablar de Hedy Lamarr es que fue la primera actriz que apareció desnuda en el cine. Se casó seis veces y fue una de las divas más bellas de los años dorados de Hollywood: puro glamour. Ya poniéndome más seria también puedo contar que fue productora de veinte largometrajes y protagonizó treinta y ocho. Fue la Dalila más fantástica de la historia del cine.
Se permitió el lujo de rechazar dos papeles memorables: dijo no a “Gaslight” de Cukor y al personaje de Ilsa Lund (que luego interpretó Ingrid Bergman) en la película “Casablanca”. Hasta ahí la versión oficial y en blanco y negro.

Lo que muchos no saben, es que antes de pisar Hollywood, en su Austria natal, Hedy Lamarr fue ingeniera, lesbiana por interés, cleptómana, y espía para los aliados. Sus padres la casaron con un rígido nazi llamado Fritz Mandl, que la tenía encerrada en una habitación bajo la custodia de una asistenta con quien Hedy, mantuvo un romance clandestino, tan de conveniencia como su matrimonio. Aprovechó esos cuatro años de reclusión para estudiar telecomunicaciones, además sonsacaba, mientras tanto, información a los ingenieros nazis en las fiestas de su marido. En 1937, drogó a su asistenta, saltó por la ventana y huyó a Los Angeles.

Allí conoció a Louis B. Mayer, se convirtió en actriz de fama mundial y cedió los datos sobre la tecnología alemana al gobierno estadounidense. Es ella la que desarrolló la “conmutación por frecuencias”, que no puedo explicar porque no sé lo que es, pero si puedo decir que es la base actual del WIFI y la telefonía 3G.

Hedy Lamarr dijo que cualquier chica podía ser glamorosa. Sólo tenía que quedarse quieta y poner cara de estúpida. ¿Quién no ha puesto alguna vez cara de idiota?

La tecnología WIFI es maravillosa, me permite tener Internet gratis gracias a mi vecino, pero es una de mis mujeres preferidas por otras cosas. Cuando tu existencia es un infierno y decides saltar por la ventana para cambiar de vida, el mejor invento eres tú.