domingo, 5 de septiembre de 2010

CIEN AVIONES TRISTES Y UNOS LABIOS POR DESPEGAR

Hay una frase famosísima de Baudrillard que dice: "La seducción plantea espectáculo, escenario y un espectador que sea cómplice del engaño". Los controladores de querubinas me cuentan a destiempo que ya saben prescindir del amor: "Ese sentimiento ridículo acompañado de movimientos sucios" que diría Téophile Gautier.
Las apariencias no sólo se guardan, también son las que mandan... hoy escribo un cuento de hadas ajeno con una sola palabra:
- Apágame.

jueves, 2 de septiembre de 2010

SE BUSCA: SEPTIEMBRE

En la Antigüedad Bien y Belleza eran términos asociados. Hoy es difícil afirmar que algo bello es necesariamente bueno. Esta disociación quizás ha vuelto frívola a la belleza. Se busca la belleza con ansiedad, como para calmar un vicio. Quizás este cambio de significado es lo que nos permite dudar de la belleza como valor absoluto. Según W.T.J. Mitchell: “hay una gran diferencia entre lo buscado, lo que se ve y su lectura, porque esto último depende de lo que nuestros ojos se han acostumbrado a ver y nuestras mentes a interpretar”.
Mis ojos interpretan pero no me acostumbro a ver ciertas cosas. A veces no busco lo que veo y es difícil afirmar que es bueno si tan sólo sirve para calmar ciertos vicios. La verdad suele estar llena de bellas mentiras con una vida muy corta. Voy a dedicarme a mirar por la ventana para que la realidad sin belleza y bondad no me pueda rozar.

martes, 24 de agosto de 2010

ME DA IGUAL. NO ME DA. ME DA.

El joven mosquito soñó con ser cantante de rock pero nunca imaginó morir de aplausos
LUIS ALFREDO BRAVO

sábado, 21 de agosto de 2010

TODOS LOS JAIMES

Hoy es el cumple de mi maravilloso hermano Jaime. Además ha nacido Jaime Melero JR, hijo de mi querido amigo Jaime. Hoy es el día de los Jaimes importantes de mi vida.

A MENUDO




A menudo trato de escribirte, flautista, pero claro, me olvido de que a ti sólo se te pueden mandar palabras del revés, y me atranco en una coma, que se me hace un muro. A menudo quiero verte, flautista. A menudo quiero que me veas.
(Madrid. Cualquier día, abril, inicio de milenio. En el autobús, dentro de mi espina dorsal)
A menudo
tengo sueño,
duermo poco
y
me estirazo mejor que los gatos.
(pese a ello,
el análisis de mis átomos
no ofrece ninguna garantía
de que yo sea la reencarnación
de una felina egipcia).

A menudo
son las cinco de la tarde,
o me subo en un autobús
atestado de un no sé qué
que me ralentiza,
y me pasea por una carretera nueva
(como en muchas fotos seguidas).

Frecuentemente
me levanto
una vez que ya estoy acostada;
enciendo la luz y compruebo
que continúo conmigo.
(Siempre pongo una excusa,
como mirar la hora. O beber agua.
O agarrar un muñeco.
Todo menos reconocer
que temo abandonarme
cualquier día).

De un tiempo a esta parte
ando recorriendo la esfera de Plutón
mientras el tiempo pasa
(o yo de él, aún no se sabe).

En el supermercado
suelo dejarlo todo sin comprar,
y la comida caliente,
ay, la comida caliente...,
de poco tomarla
comienza a darme gases
(el amor, esporádico y en desuso
me da agujetas).

Últimamente
recuerdo todo lo que sueño,
(incluidas pesadillas);
últimamente -decía-
me llaman antiguos amores
y nuevas adquisiciones amatorias
(conforme van llegando
los voy metiendo,
uno a uno,
entre paréntesis).

De un tiempo a esta parte
discuto aún menos
de lo que ya
os tenía acostumbrados
y mi tranquilidad viene conmigo
(o yo con ella, aún no se sabe)

Pero en este abril
hay algo fundamental:
me paralizan la palabra
dos criaturas,
el jardinero,
el flautista.

A menudo,
el jardinero llama a la puerta,
entra rápido de abrazos
de esos de los que no se huye.
Mi ofrenda floral
queda siempre en el arca.
El jardinero se va,
a sembrar otros vientos,
dejando encima de los manteles
una sensación:
que soy Tierra
("Tierra tan sólo, Tierra").

A menudo,
el flautista deja de llamar al móvil,
pero lo hace con su música,
"jazz brasileiro, Carmentxu".
Me mira -como serio-
desde las fotos
y cuando me piensa
lo hace tan fuerte
que me acaba doliendo la cabeza.
(...todo el mundo debería conocer
al flautista;
todas las mujeres
tenemos el derecho
de verle la sonrisa,
al menos una vez en la vida,
como el que va a la Meca).

De un tiempo a esta parte,
ningún señor educado de veintipocos
-que es un niñato al cabo-,
llama a la puerta,
"joder, otra vez, qué pesaíto"
y me anda endulzando
la incoherencia
y otras partes impúdicas
con nata y piruletas.
(Con la venia de Manrique,
a menudo me alegro
de que ese tiempo
haya pasado).

A menudo
vivo,
míster Aquiles,
señor Sansón,
con el flautista,
el jardinero,
el sueño
y los sueños,
(eso, y los sueños),
por algún rincón
de tu cuerpo.
(¿el talón?
...
¿el cabello?).

© carmen camacho

lunes, 9 de agosto de 2010

viernes, 23 de julio de 2010

A VECES

Quería contar algo interesante, como esas historias que pasan en las series de televisión, que son interesantes, precisamente, porque no suelen ocurrir. En una vida normal y corriente, hay situaciones que no llegan, y si suceden, aparecen a una escala tan pequeña que resultan desprovistas de gracia.
¿Qué podría ser interesante a estas alturas?
Entonces, no había series. La películas que veíamos, siempre me parecían un rollo, no entendía nada, no me podía concentrar. Sólo podía sentir el calor de su cuerpo en la butaca de al lado. Es bonito sentir el calor del cuerpo de quien te gusta. Después, caminábamos y reíamos. Los dos habíamos hecho cosas que no podíamos contar a nadie. Lo sabíamos. Por eso no parábamos de hablar de cualquier tontería, como si no hubiera ocurrido nada. Paseábamos, uno al lado del otro, contentos y felices. Sin darnos cuenta, a veces, nos cogíamos de la mano.

martes, 20 de julio de 2010

EL CULTO AL PLACER


BUENOS DÍAS TRISTEZA- (Un bello comienzo)

"A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan sólo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás."
(Párrafo primero de la novela Bonjour, tristesse, de Françoise Sagan)


Procedente de una familia de clase acomodada, Françoise Sagan se vio seducida por el modelo de vida que ella misma proponía a través de sus obras: un espíritu de culto al placer y a la ociosidad de los casinos y las fiestas galantes, cuyos excesos eran descritos por la autora con cierta ironía.
En el verano de 1954, apareció editada su primera novela Bonjour, tristesse, escrita el año anterior cuando Sagan tenía apenas 18 años. La publicación del libro se vio rodeada de una gran polémica a causa de la escabrosa temática que abordaba y de la juvenil edad de la escritora.
Los protagonistas de esta historia son Raymond, un padre viudo y maduro que se entrega continuamente a conquistas amorosas, y Cécile, su hija adolescente de 17 años que empieza a vivir el despertar sexual. Ambos son seres frívolos y egoístas que se profesan un mutuo respeto y complicidad en su costumbre común de seducir a los demás. Como todos los años, van a pasar juntos el verano: esta vez a un chalet alquilado en la costa sur de Francia. Allí se entregan a la vida despreocupada y alegre hasta que, cierto día, se presenta como invitada Anne Larsen, una mujer seria, disciplinada y culta, amiga de la difunta esposa de Raymond. Desde su llegada, Cécile presiente una amenaza que le estropeará las vacaciones y su incipiente relación amorosa con Philippe. Los temores se hacen verdaderos cuando su padre le comunica su intención de casarse con Anne, quien, desde ese preciso instante, introducirá un adoctrinamiento muy severo en la disipada existencia de estos dos personajes.

Como venganza por su intromisión en las relaciones entre padre e hija, Anne se ve sometida a las perversas maquinaciones de Cécile, que tiene el propósito de poner punto final a los planes de boda de Raymond y de restablecer el desorden moral propio de su habitual vida bohemia. La joven manipula a su padre para que reanude su romance con una de sus antiguas amantes. Desgraciadamente, su esfuerzo tiene trágicas consecuencias: en un arrebato de ira y humillación ante la laxitud moral de Raymond, Anne huye del chalet en su coche y sufre un accidente mortal en una curva de carretera. El desalentador resultado provocará remordimientos en Cécile, despertándole un sentimiento que jamás había experimentado: la tristeza. Será el precio que su conciencia tendrá que pagar por todos esos años de frenesí vitalista e irresponsable.

"Entonces pensé que, con su muerte, Anne se manifestaba —una vez más— distinta de nosotros. Si mi padre y yo nos hubiéramos suicidado —suponiendo que hubiéramos tenido valor para ello—, nos habríamos disparado un tiro en la cabeza, dejando una nota aclaratoria con el fin de que los responsables no volviesen a pegar ojo en la vida. Pero Anne nos había hecho el suntuoso regalo de dejarnos una enorme posibilidad de creer en el accidente: un lugar peligroso, la inestabilidad del coche… Un regalo que, por debilidad, no tardaríamos en aceptar. Y además, si hablo ahora de suicidio, no deja de ser fantasioso por mi parte. ¿Puede alguien suicidarse por seres como mi padre o como yo, seres que no necesitan a nadie, ni vivo ni muerto? Mi padre y yo, por lo demás, siempre hablamos de ello como un accidente."



Aunque, en apariencia, Buenos días, tristeza pueda resultar un drama intrascendente, estamos, en realidad, ante un revelador estudio sobre la vida disipada de una clase social y sus consecuencias éticas y, al mismo tiempo, también ante una reflexión —quizás poco profunda, pero no irrelevante— sobre el conflicto entre la búsqueda del placer y los remordimientos que, de ella, pueden desprenderse por la vía de una conducta moral irresponsable. El placer implica ensuciarse las manos y la mente, estar amenazado; a veces hay en él, miedo y asco, aversión a uno mismo y fracaso moral. El placer es un trabajo duro; no todos, quizás ni siquiera la mayoría, soportan encontrárselo.

lunes, 5 de julio de 2010

APRENDER

Nunca he sabido cosechar los frutos de la rutina, por eso me he convertido en una romántica de Casa de Socorro.

viernes, 2 de julio de 2010

ESPECIES MIGRATORIAS

Este cuento me ha fascinado.

ESPECIES MIGRATORIAS- PILAR ADÓN
La señorita Ramírez nació en Tijuana. Tiene cerca de setenta años, pero sigue siendo señorita porque nunca se casó. Enseña unos dientes oscuros cuando afirma que ya no lo hará jamás: los hombres que ha conocido en su vida han sido demasiado aburridos o demasiado cobardes.
Se mueve con discrección por los pasillos con poca luz. Sabe espiar por los ojos de las cerraduras. Tiene buen oído y, lo más importante, un coche que conduce su amigo, el sargento Job, que se detiene con suavidad cerca de la primera chica que atrae la atención de la señorita, y habla por ella: "Sube.". Y la chica obedece mientras la señorita repite que no quiere que nadie insulte a sus muchachas. "No se está muy bien ahí fuera", dice. Por las tardes pasean en grupos por la carretera. Ella avanza más deprisa, sin querer ver el brillo que los faros de los cochen producen en los ojos rasgados de sus chicas. Algunas se cogen de la mano y se aprietan los dedos con fuerza. Ésa es sólo una de las pruebas que la señorita Ramírez impone antes de seguir. Si quieren largarse, ése es el momento.
Pero no se van. Tras un buen baño y tres palabras de consuelo, todas cambian. Unas horas en la casa y ya parecen cándidas maestras de escuela. Y si alguien, alguna vez, pregunta que por qué sólo chicas orientales, la señorita sonríe con sus oscuros dientes, y dice: "¿No lo sabe? En China no quieren niñas".