lunes, 31 de enero de 2011

CUANDO LOS LOBOS ESCRIBÍAN CARTAS DE AMOR


Anoche volví a verla bajo la lluvia. Sonreía mientras se acercaba a mí arropada por un abrigo color rojo, como la caperucita de los cuentos que teme que le muerda el lobo. Aunque el lobo, viejo, apenas puede rumiar entre sus denostados colmillos. Se refugiaba en un paraguas bajo el que se veían las estrellas.

─ ¡Qué cambiado estás!, ¡qué largo tienes el pelo!, estás muy guapo─ me dijo, mientras me acariciaba. Algo se movió en mi interior, como una bola que gira a través del estómago. Sonreí.

Sigue teniendo una sonrisa maravillosa y un tono de voz que es capaz de encoger el alma de cualquiera de los mortales. Seguía lloviendo.

Nos encaminamos al café Belén, mientras hilábamos la primera de las conversaciones. Alguna curiosidad, una tontería mía, una sonrisa prófuga. El café Belén es un sitio agradable. Ofrece la calidez que es necesaria para tejer conversaciones alrededor de una vela encendida. Un par de tes fríos de hierbabuena. Más sonrisas. Miradas amplias, retinas dilatadas. Ligeros roces de sus dedos en mi piel que erizan cada uno de los poros que la forman. Proyectos, ilusiones, pasado, presente, futuro, sueños, trabajo... todo se mezcla frente a una mesa y una vela, como si se tratara de un ritual místico y ancestral. Hace frío en el local y fuera sigue lloviendo.

─ Voy a mirarte el culo─ le digo serio cuando va al baño.

 De camino, ella se gira para ver cómo oteo sus caderas alejarse, pero no puedo hacerlo porque los vecinos de mesa me lo impiden. Aún así, ella me asegura que tiene el culo más duro. Decidimos ir a cenar. Caminamos por la acera de nuevo, ahora más pegados, juntos. Siento el calor que desprende su cuerpo y siento ganas de apretarla contra mí, de morder su cuello que se muestra en todo su esplendor gracias a su pelo corto.

─ No me gusta mucho tu corte de pelo─ le digo.

─ A mí tampoco ─ contesta ella.

Pedimos vino, siempre hay vino con ella.

─Estás guapa─ le digo después de que ella me haya dicho cuatro o cinco veces que no le he dicho si lo está.

Más vino. Suave y dulce, como ella. Hablamos. Es verdad, Caperucita me dice que se le hace raro compartir conmigo una cena. Es la primera vez que salimos juntos para compartir mantel. A mí también me parece novedoso. Y me gusta.

─Tendrás que llevarme a casa. Creo que no podré coger el último tren al bosque.

─Otro día─ contesta con una sonrisa pizpireta en los labios.


El vino comienza a parecerme más delicioso. Y su compañía, también. Decidimos irnos. Son las 12 de la noche y yo me apuro, porque si no, no podré regresar.

─Te llevo a casa─ dice de repente. Esa frase con una contundencia grave me pilla de sorpresa.

─Otro día─ contesto, y le devuelvo la sonrisa canalla que ella me regaló unas frases antes. Sigue lloviendo. Desplegamos nuestros paraguas.

─Llevas un paraguas de mujer─ dice. Es cierto. No importa. Llueve.

Llegamos al cruce en el que nuestros caminos se separan. Me despido tratando de buscar sus labios. Los encuentro y ella se deja. Vuelve a besarme y yo respondo.

─Me has besado─ dice seria─ yo no quería, igual que tampoco quise acostarme contigo la primera vez. No puedo resistirme a tus encantos.
Volvemos a besarnos y me separo de ella para irme a casa. Empiezo a notar como mi cuerpo responde.

─Ven aquí, tonto─ me llama.

Regreso y más besos, pero esta vez le abrazo y noto la contundencia de su cuerpo, la respiro, huelo su aroma y aspiro fuertemente su cuello. "Qué bien hueles", digo, porque no se me ocurre nada mejor que decir en ese momento. La abrazo y nos besamos de nuevo.
Nos juntamos y el sonido de la lluvia  cae sobre nuestros paraguas. Es difícil besar y abrazar a alguien con un paraguas en la mano.

─Me voy─ dice enérgicamente. ─Me ha gustado mucho verte.

─A mí también─ digo sinceramente mientras me retiro de su lado. Me alejo. Siento ganas de girarme para verla irse por un camino siempre opuesto al mío, pero no lo hago. Oigo un taconeo cercano a mi espalda. Sonrío, imagino que ella viene a robarme un último deseo, o a acompañarme para siempre.

El taconeo no es más que el ruido que produce el chapoteo del agua de lluvia sobre una lona en un comercio. Por el camino sigo oliéndola en mis manos y en mis labios.

Caperucita ha mordido al lobo.

Una vez más...




domingo, 16 de enero de 2011

ÉRASE UNA VEZ U OTRA

Cuesta mucho que las situaciones cambien, pero en cuanto se modifican es imposible volver a la normalidad. Es como las lágrimas, cuando algo duele infinitamente,  se tarda muchísimo en romper a llorar; quizá siglos, pero una vez se comienza, es difícil parar. Es por la inercia. Poco a poco con la edad, como en una noche de fiesta, se va perdiendo la noción de todo, también el miedo a percibir la propia existencia. Es como contemplar la vida a través de unos prismáticos sucios y que están al revés. Ves las cosas borrosas y todo lo que quieres se va alejando, más y más. A veces es como si nada encajara, como si los momentos fueran piezas de un puzzle de un chino donde sobran y faltan cosas. Por eso intento escribir, para describir el mundo, porque un mundo no descrito hace que te sientas muy sola, pero si lo inventas todo cambia. Si las cosas no se comprenden, no se pueden creer y además no hay una palabra para cada cosa, o tal vez sí y simplemente soy una torpe. Aunque, a  veces, tan sólo quiera que mi risa sea una pregunta que alguien quiera pasar la vida contestando.

martes, 11 de enero de 2011

MELODÍA


Garantízame una bossanova de sueños y de imperfecciones, con alguna nota subversiva, que delimite este tono desafinado.

viernes, 31 de diciembre de 2010

PARA EL 2011

!Feliz 2011! Qué lo malo quede atrás y nos sigamos encontrando en mi lugar.
Todos los besos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

TODAS LAS COSAS QUE ME GUSTAN

Todas las cosas que me gustan suceden en los libros. La literatura sirve para que la vida nos importe menos de lo que podemos soportar. Hay un personaje de una novela de Nicholson Baker que siempre que ve pasar a una chica hermosa chasquea los dedos. El protagonista es capaz de detener el tiempo  con ese gesto. Utiliza ese don, no para robar bancos o tener poder, sino exclusivamente para acariciar mujeres que de otra manera nunca podría llegar a tocar.  Hay días con momentos que deberían estar en los libros, pero entonces hay que levantarse y seguir. Salir a la calle por la mañana, todavía de noche y chasquear los dedos, demasiadas veces, para descubrir tan sólo que  pareces  una bailarina retardada de un espectáculo flamenco.  !Qué mierda! Todas las cosas que me gustan suceden en los libros.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

ASÍ, LA VERDAD...

Todas las canciones terminan por ser tristes, por ser la banda sonora de algo que has perdido. A veces son las peores y a veces no, pero siempre forman parte de nosotros, cómo el color azul forma parte de nuestra idea de cielo. Hay canciones que vuelven muchos años después para rompernos el corazón y hay personas que se marchan como si fueran canciones. Hay canciones que se repiten como pesadillas, personas también. Como vuelva a escuchar el WAKAWAKA no respondo de mis actos.

lunes, 13 de diciembre de 2010

¿POR QUÉ?

 A veces pienso que no me cabe nadie más en el corazón, pero luego voy a casa de mis padres y después de comer cuando recogemos, descubro que siempre cabe un plato más en todos los lavavajillas llenos. En ocasiones me da por aparentar, pero lo hago sin querer. Como aquella vez que me puse muy guapa para ir a  una fiesta que  era muy importante para mí. Llevaba un vestido rojo muy corto y unos zapatos de tacón altísimo muy negros. Llegaba tarde, como siempre llegaba muy tarde. Comencé a correr y en dos segundos estaba en el suelo. Me pegué una leche que todavía duele.Un hombre guapísimo vino a ayudarme. A pesar de lo mal que me sentía y de lo que me dolía el tobillo, sonreí mientras le miraba y le decía que no se preocupara, que estaba bien, que no me había hecho  daño.  Me comí todo el dolor como cuando me tragaba los chicles de niña, mirando alrededor para que no lo notara nadie, mientras pensaba que a lo mejor se quedaba pegado a las tripas. Y me pregunto porque a veces me empeño en aparentar lo que no siento. Digo no, cuando quiero decir si y dejo mis ganas pegadas a las tripas. Aparentar es un rollo. De verdad que a veces no me entiendo, aunque aparente todo lo contrario.

viernes, 10 de diciembre de 2010

HORIZONTES AJENOS

Me gustan los trenes. Siempre me han gustado. Cuando estoy sentada en un tren en marcha me invade una amable sensación de confianza. Una energía que no es la mía me lleva a otro destino mientras me refugio en pensamientos en zigzag. En el tren es mi cabeza la que corre, mientras  mi cuerpo permanece en el mismo lugar. Hay hombres que son como trenes.  No tienen un final que ofrecerte, no hace falta que sueñes con tener alas porque nunca te pertenecen  pero pueden indicarte el camino. Entonces ya tú decides, si quieres que se acabe el viaje o prefieres pararte antes de que los raíles se tuerzan y haya que volver a girar...

miércoles, 8 de diciembre de 2010

FACEBOOK


Ponte una entrada usb en la nuca
para recibir todos los besos
 que la gente que te ignora en la calle,
 te manda por facebook.



(C.M.)