miércoles, 16 de mayo de 2012

MI VIDA CON ELVIS (IV) FÉLIX J. VELANDO



Pese al cansancio me costó dormirme. Horas antes había tenido la certeza de que esa vez sí, esa vez no habría artimañas, no existirían los pequeños y ruines juegos de poder, los manejos del tiempo y del silencio. Y nada más comenzar ¿comenzar qué? ya era la víctima del juego. Pasé la noche llamándome estúpida o buscando justificaciones a su silencio.

Pero a la mañana siguiente mi móvil seguía a la espera sobre la mesilla. Pensé en no conectarlo jamás. Así no podría sentir la decepción de ver que su mensaje no llegaba. Por supuesto, lo encendí al momento. Pasaron rápidos esos segundo decisivos. El silencio. Dejé pasar unos minutos. Nada. Me envié un mensaje a mí misma porque, ¿y si mi móvil se había estropeado y no podía recibir nada? Mi automensaje llegó al instante. Aquello era patético, lo sabía. Repasé una vez más toda aquella noche, la madrugada, los mensajes que le había enviado. ¿Qué había hecho mal, qué había dicho para merecer ese silencio?

Me fui a clase a pie, creyendo que eso aclararía mi mente, pero no lo hizo. Aún así, decidí llamarle. No podía continuar con esa angustia, no podía pensar todo el tiempo en alguien que no tenía ni un minuto para escribirme un mensaje. Me senté en la escalinata de la facultad. Saqué papel y boli para escribir lo que quería decirle. Debía aparentar normalidad, nada de reproches por su silencio, llamar con la calma con la que se llama a una buena amiga para charlar un rato. Un "Hola ¿qué tal el regreso?" podría ser un buen inicio.

Llamé. Y tras cinco tonos saltó su buzón de voz. Ni siquiera pensé en que algo tan probable sucediera. Podía haber elegido el silencio, colgar, pero como si alguien me empujara comencé a hablar, palabras deslavazadas, balbucientes, en las que le decía lo que ya sabía, que no me había contestado e intentaba preguntarle por qué sin parecer dolida. Pero lo parecía. Callé de pronto, aquello era también patético. Miré el móvil. No había ninguna tecla mágica que me permitiera borrar lo dicho. Colgué avergonzada, llena de rabia hacia él y hacia mí misma. Me dirigí a clase. Pese a todo, al día siguiente volví a llamarlo. Esta vez su teléfono estaba apagado o fuera de cobertura. Le mandé un mensaje en el que le decía que al menos merecía una explicación. Siguió el silencio.


MI VIDA CON ELVIS (III) FÉLIX J. VELANDO


La despedida no fue triste. Teníamos los móviles, en unos días nos veríamos en Madrid y cuando me dejó en la pensión subí sintiéndome como una niña que sabe que tras la puerta le espera un gran regalo. La próxima semana, una vulgar semana de febrero, sería mi regalo porque nos veríamos. Mis amigas me recibieron entres coñas y sonrisas. Querían detalle. Y no, no nos habíamos acostado. ¿Entonces? Paseamos, desayunamos… ¿Y esa sonrisilla? Huí hacia el baño mientras gritaban para retenerme. No iba a reconocer que estaba enamorada de un chico al que hacía ocho horas ni conocía. Pasan tantos días sin huella, tantos meses y ahora, en sólo ocho horas, yo creía que mi vida había cambiado.
Tenía su número de móvil y aguanté media hora antes de enviarle el primer mensaje. Me respondió al momento. Sí, el universo estaba en orden, no había apuntado mal su teléfono, no se abría el abismo. Me propuse no ser pesada y no escribirle ningún mensaje más hasta la noche pero cuando solo llevaba una hora en el tren le escribí otro. Pasó media hora y no llegaba su respuesta. Comencé a inquietarme. Media hora después llegó un mensaje. Procuré no parecer ansiosa por leerlo y saqué el móvil de su funda con toda la parsimonia del mundo. Mi amiga marta me miró como riéndose de mi interpretación. Nos conocemos bien. Desbloqueé el maldito móvil con urgencia. Y odié, odié intensamente al responsable de la compañía  de móviles que había decidido informarme esa precisa tarde de que me regalaban treinta mensajes multimedia.
Me aferré a la idea de que iría durmiendo en el coche, cansado como yo lo estaba tras una noche en vela. Y me quedé dormida. Al llegar a la estación de Atocha, mi móvil seguía callado. Ya en casa lo desconecté, como un castigo hacia él si decidía llamarme esa noche. Pero como tantas veces en estos asuntos era a mí misma a quien castigaba.

miércoles, 9 de mayo de 2012

MI VIDA CON ELVIS (II) FÉLIX J. VELANDO

Pero esa mañana salimos a la calle y continuamos sin dejar de hablar, sin que asomase entre los bordes de la conversación ese momento denso del “ahora que hacemos”. No había otro deseo más importante que el de seguir juntos. Anduvimos por callejuelas desconocidas sin preocuparnos del rumbo hasta que la Caleta, con toda su luz, nos recibió. Un gran carguero se balanceaba en el horizonte, como si decidiera el momento de partir y no terminara de encontrarlo.
Durante la noche habíamos jugado a adivinar gustos tontos. Nuestras golosinas favoritas de la infancia, las canciones más odiadas, la frase más tópica que nos decían nuestros padres. A mí: “¿Tú te crees que estas son horas de volver?” A él: “¿Vas a salir a la calle con esa pinta?”
Como si la llegada del día trajera asuntos más serios, como si ya no fuéramos solo presente sino algo más, hablamos un poco de estudios, de planes: él terminaba ingeniería e iba a hacer un máster. Yo estaba matriculada en unas cuantas asignaturas sueltas de quinto de psicología y no sabía qué hacer después. Aunque yo llevaba casi seis años en Madrid y él toda la vida, aunque habíamos compartido rincones y bares, hasta conciertos, nunca nos habíamos encontrado Y mientras él me hablaba, su rostro feliz pese a las horas sin sueño, sentí vértigo al pensar que solo algo tan frágil como el azar nos había unido aquella noche en la puerta de un bar de Cádiz y que esa mañana junto a él existía casi de milagro. Algo vio en mi rostro porque me preguntó:
─ ¿Te pasa algo?
Y yo se lo dije, le dije que me daba pena pensar que podríamos no habernos encontrado.
─ Pero lo hemos hecho─ contestó.
Y me besó. Todo era tan estupendamente bonito. Por la playa dos chicos vestidos de muñecos Michelin se perseguían y caían a la arena entre risas y después se levantaban con torpeza y continuaban la carrera. Pasaron a nuestro lado y nuestras sonrisas se reflejaron en las suyas. Compartíamos la dicha. Paseamos por un malecón hasta un castillo. Elvis y la Mariposa, la espuma contra las rocas, nuestras largas sombras que se estiraban sobre la arena como esculturas de Modigliani. Allí un tipo de unos cuarenta años fumaba en soledad mientras miraba ensimismado el horizonte. Nos dio apuro mostrar ante él nuestra felicidad y nos alejamos.
Pronto el mundo exterior comenzó a colarse por los móviles: mis amigas preocupadas por saber donde paraba, sus amigos recordándole que en tres horas regresaban en coche a Madrid. Ambos nos mostramos parcos con el teléfono, como si no quisiéramos o pudiéramos compartir con los demás lo que vivíamos. Regresamos al centro de Cádiz cogidos de la mano y de los labios. Entramos a desayunar en un bar en el que se mezclaban ancianos madrugadores con las máscaras más trasnochadoras. Todos se miraban con curiosidad, como si los otros vinieran de mundos lejanos. Mientras esperábamos las tostadas nos acercamos a una gramola arrinconada al fondo del bar. No la habían actualizado desde los noventa pero parecía funcionar. A él se le iluminó la cara.
─ ¡Ésta, ésta! ─dijo emocionado y seleccionó una canción─. No mires, no, mejor cierra los ojos.
Comenzó a sonar la canción: “Amor, la noche ha sido larga y llena de ilusión, pero amanece y me apetece estar juntos los dos. Bares que lugares…”Todo encajaba." Continuará...

martes, 8 de mayo de 2012

UN REGALO: TE VAS A REÍR CUANDO TE LO CUENTE


El pasado mes de abril Trilceunlugar cumplió cuatro años. Durante  este tiempo solo han pasado cosas bonitas por aquí. He conocido a gente maravillosa, (no nombro a nadie porque soy despistada y no quiero olvidar a nadie) y los comentarios que llegan son tan generosos y amables que a veces me da el pudor tonto y ni siquiera puedo contestar. Un montón de entradas y también un montón de tonterías, pero es que soy así.

Además, el pasado mes de abril, uno de mis mejores amigos publicó su primer libro Te vas a reír cuando te lo cuente de Félix J. Velando. El libro me gusta mucho, muchísimo y os lo quiero enseñar. Durante los próximos días publicaré uno de los cuentos del libro por entregas. Y entre todos los comentarios del blog sortearé un libro firmado por el autor. Siempre me hace mucha ilusión que me comentéis pero ahora además, los comentarios tienen premio...

El libro es una colección de cuentos marcados por el humor:  Pandas gays que causan conflictos diplomáticos, chicas que se enamoran de hombre disfrazados de Elvis Presley, un novelista conservador que intenta hacer desaparecer un libro de su juventud abiertamente erótico, detectives que se enfrentan a lingüistas muertos o poetas con problemas mentales que acuden a tertulias televisivas nada recomendables...

Te vas a reír cuando te lo cuente, La Página Ediciones , 2012, será presentado en junio en Madrid.  Aviso por si os apetece venir a la presentación...

Muchas gracias por acompañarme durante todo este tiempo...



MI VIDA CON ELVIS- Félix j. Velando
Nos conocimos la última noche del Carnaval de Cádiz. Él iba disfrazado de Elvis Presley  y yo de mariposa con alas de papel seda. Una llevaba rato doblada, la otra se mantenía con dignidad.
─ Te veo alicaída─ me dijo.
─ Sobre todo cuando me hacen la misma broma todo el rato. Pero no te creas, puedo remontar el vuelo en cualquier momento─ le contesté.
─ No lo hagas aún─ me pidió─. Si me esperas saldré de ese bar con las penúltimas copas de la noche. ¿Tú que tomas?

Y allí, en la calle, rodeada de mis amigas mariposas, lo esperé. No salía y decidí entrar al bar. De sus paredes colgaban azulejos que prohibían cantar, pero todo el mundo cantaba. Al fondo, en el centro de un corro que le hacía palmas y coros, él se desgañitaba con una versión rumbera de Love me tender. El reloj del bar marcaba las cuatro y media. Éramos lo que quedaba de la noche, pero también quienes estrenarían el nuevo día. Cuando terminó de cantar me acerqué a él.
─I like the way you sing.

─I like de way you fly─ contestó.

Comenzamos a hablar, una conversación de la que no recuerdo mucho, solo que fluía, que las palabras que nos decíamos no podían ser otras, todo el mundo alrededor se había vuelto borroso y lo único claro, real y a la vez mágico, éramos nosotros.

El tiempo pasó muy rápido. De pronto, el bar estaba vacío y un camarero con escoba nos preguntaba si no teníamos casa. Salimos sonriéndole a un sol que brillaba anaranjado sobre las calles regadas. A lo lejos unos limpiadores con mangueras empujaban los restos de la noche hacia los sumideros. Olía a detergente y mar, a día nuevo. Ver las calles limpias y casi vacías no hizo sino aumentar el ensueño.

Cuando sales al amanecer de un bar con un chico llega el momento de las decisiones: irse con él a la cama o despedirse tras intercambiar números reales o inventados. A veces vas a despedirte, pero los besos en las mejillas caen en los labios y te llevan a las sábanas…. (Continuará)

HE CONSEGUIDO



Ciertos  planes para escapar hacia delante


viernes, 4 de mayo de 2012

PARADOJA


Ray Charles dijo que para ser feliz tienes que encontrar en ti aquello que te hace único, pero yo no quiero ser única tan sólo quiero ser feliz.

DE ACUERDO

─ Anda deja que te acompañe, que no es momento de andar sola.

martes, 1 de mayo de 2012

PUENTES MENTALES



A veces es mi medida de tiempo preferida. Algunas tardes recorríamos ciertas diferencias e intentábamos encontrarnos pese a la distancia. En ocasiones, aparecía el desequilibrio. A veces pensaba que quizá no fuéramos tan distintos, otras que, por mucho que hiciera, nunca podría alcanzar su vida y ese vuelo desenvuelto de delfín salvaje, pero daba igual, a veces nos acompañaba la luz. A veces la verdad no es necesariamente lo contrario que la ficción.

domingo, 22 de abril de 2012

LECCIÓN


Hubo un antiguo liceo, unos cuadernos
que forraste con las frases que más 
te protegían. Y hubo invierno
en aceras encogidas hacia única puerta 
de colores reglamentarios. Los ómnibus
les hacían transfusiones 
a las aulas, las asignaturas 
se barajaban con urgencias cotidianas. 

Vos te ibas después del aire. 
Estirábase con tus pasos el silencio 
tras los tímidos besos. Promesas 
y mañanas coincidían con tu forma. 

... 

Final de noviembre. Otra época 
hace uso de los mismos contornos. 
He tropezado con una frase al volver, 
solo, en aquella dirección. Quedé 
ante paredes vetustas, enredado 
en el musgo y en las grietas homicidas. 

Tu imagen rociaba los poros del paisaje, 
iba y venía por los andamios 
de la angustia. Qué seco pulmón 
este tiempo, esta mentira 
arrugada en despedidas. 

Jamás devolverías el aire. 



HÉCTOR ROSALES

miércoles, 18 de abril de 2012

DIVERTIMENTOS SECRETOS



Olivia tenía un pequeño secreto: a veces cuando bebía más de la cuenta, se  encerraba en los baños de los bares y mandaba mensajes catastróficos. Las consecuencias no le afectaban hasta la mañana siguiente, en el momento en que miraba el móvil como si fuera una enfermedad contagiosa o un arma atómica que había destruido su dignidad sin contemplaciones.

El último mensaje lo había mandado la noche de fin de año. Había conocido a Daniel y llevaba un mes apareciendo y desapareciendo. Podía afirmarse que hacía magia con ella. Él se había ido a pasar Nochevieja a Berlín con sus amigos. De madrugada le puso un mensaje: “Eres lo mejor que me ha pasado este año”. Lo mejor que le había pasado ese año nunca  contestó.

 En primavera Daniel volvió a dar señales de vida. Todos los fines de semana, a eso de las seis de la mañana, llamaba a Olivia y dejaba mensajes tipo en su buzón de voz: “Te echo tanto de menos”.

Hasta que un día, Olivia hizo "magia" de nuevo en casa de Daniel. Cuando acabaron, él se levantó y fue al baño. Olivia, mientras, se incorporó para peinarse un poco.  Al colocarse una horquilla, ésta  cayó debajo de la cama. Allí encontró su horquilla y dos pares de zapatos de mujer. Fin de la incognita: normalmente, los hombres desaparecen tras la sombra alargada del nombre de otra mujer. Sin ninguna explicación. En la mesita, el preservativo utilizado se iluminó con luces de neón; como si tuviera vida propia, acabó deslizándose en uno de los zapatos.

─ ¿Has visto el preservativo?─ dijo Daniel.

─ Ya lo he tirado. Se sintió feliz en el papel de  La  Justiciera Anonima...

martes, 17 de abril de 2012

MI FATIGA INEXPRESABLE


Se espera que la lluvia pase. Se espera que los vientos lleguen. Se espera. Se dice. Por amor al silencio se dicen miserables palabras. Un decir forzoso, forzado, un decir sin salida posible, por amor al silencio, por amor al lenguaje de los cuerpos. Yo hablaba. En mí, el lenguaje es siempre un pretexto para el silencio. Es mi manera de expresar mi fatiga inexpresable.
 Alejandra Pizarnik. Palabras.
Harrrrrrtas ganas.

¿QUÉ PERFUME LLEVAS? AMBIENTADOR

Lo dijo Marilyn: la locura es genialidad, y es mejor ser absolutamente ridícula que absolutamente aburrida.

domingo, 1 de abril de 2012