martes, 4 de septiembre de 2012

DIFERENTES

"Yo solía pensar que era la persona mas extraña en el mundo, pero luego pensé: hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizara y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú."
 
FRIDA KHALO

sábado, 28 de julio de 2012

miércoles, 18 de julio de 2012

TODOS LOS LAVAVAJILLAS LLENOS

 


Todo pasó porque yo quería ser musa.

Y baja la ternura y me pregunta por tus caricias.

Todo pasó porque yo quería ser musa.

Una vez me dijiste en la estrellez de un pasillo

que tenía las piernas lacerantes.

Todo pasó porque yo quería ser musa.

Acabé contigo en la cama, con las piernas entrelazadas,

a veces también abiertas.

Todo pasó porque yo quería ser musa.

No busqué en el diccionario que significaba lacerantes.

No ser musa escuece.

***




Es raro como nos conocimos ¿verdad? Que quisiera ser musa de un poeta que no me hizo ningún caso. Que, yo misma, escribiera los versos que nunca me dedicó. Que me regalara el silencio y tu libro. Que cuando estaba a punto de abrirme la web“elpoetadeloscojonespasademí.com” descubriera que tus poemas me gustaban más que los suyos. Que te metieras en mis sentimientos, en mi cabeza y en mis anhelos tontunos. Que el destino decidiera presentarnos, eliminar diez años y todas las distancias. Aventureros, nos prometimos un café ficticio con tintes épicos.

***

Llegó el presente y  regaló un día. Viniste a mi ciudad, que no era la tuya y no tomamos café pero bebimos vino. Mientras te miraba, recordé aquel artículo sobre conversaciones donde afirmaban que el 7% de la información llega a través de las palabras, el 38% a través del lenguaje paralingüístico (tono y ritmo) y el 55% restante se trasmite con ademanes y gestos faciales. Intenté calcular porcentajes pero me estrellé con un 100% de admiración. Fingí indiferencia, miré mis pies y pensé que sentiría si me hubieses comido a besos. El conflicto llegó cuando después de cenar me preguntaste si nos veríamos al día siguiente y muy digna miré al frente y dije que no. Mi voz se quedó sin tono y tu mirada no buscó ningún porcentaje en mi rostro mientras apartaste con desdén el humo que desprendía mi cigarro. En aquel presente cercano a ti, me dio por pensar que no cabía nadie más en mi corazón, pero cuando ya te habías ido, fui a comer a casa de mis padres y después y cuando recogíamos, descubrí que siempre cabe un plato más en todos los lavavajillas llenos.


¿Sabes? A veces me da por aparentar, pero lo hago sin querer. Como aquella vez que me puse muy guapa para ir a una fiesta. Llevaba un vestido rojo muy corto y unos zapatos altísimos de tacón muy negros. Llegaba tarde, como siempre llegaba muy tarde. Comencé a correr y en dos segundos estaba en el suelo. Me pegué una leche que todavía duele. Entonces un hombre guapísimo vino a ayudarme. A pesar de lo mal que me sentía y de lo que me dolía el tobillo, sonreí mientras le miraba y le decía que no se preocupara, que estaba bien, que no me había hecho daño. Me comí todo el dolor como cuando me tragaba los chicles de niña, mirando alrededor para que no lo notara nadie, mientras pensaba que a lo mejor se quedaba pegado a las tripas. Me pregunté porque a veces me empeño en aparentar lo que no siento. Digo no cuando quiero decir si y se quedan mis ganas pegadas a las tripas.

Aparentar es un rollo. Y ya te has ido y nuestro café ha sido muy corto, tanto, que se nos ha olvidado saborear los posos épicos. Y desde que no estás  taladro el ordenador en  busca de correos que no entienden de porcentajes. Me he cosido el móvil al pecho por si vibra con tu voz y se me están rompiendo los ojos y los oídos de tanto buscar una señal en la que me digas que quieres volver a cruzar océanos para quedar con una imbécil  como yo.

martes, 26 de junio de 2012

SIN PRETENSIONES



Yo creo que la vida está dividida en lo horrible y lo miserable. En esas dos categorías. Y lo horrible son los enfermos incurables, los ciegos, los lisiados... No se como pueden soportar la vida, me parece asombroso. Y los miserables somos todos los demás. Así que al pasar por la vida deberíamos dar gracias por ser miserables. Por tener la suerte de ser miserables.
(Annie Hall)

LAS COSAS QUE DAMOS POR SENTADAS

Y hoy parece que tampoco.Hay sentimientos que se esconden en la distancia.

jueves, 7 de junio de 2012

EL GRAN DÍA






La exnovia de Elvis se pasa el día escuchando Prozac for lovers, no sé si vendrá mañana, día 8 a las 8, a la librería Arrebato (C/ Palma 21) a la presentación de Te vas a reír cuando te lo cuente. ¿Nos vemos allí?

domingo, 3 de junio de 2012

UN LIBRO PARA...

Después del sorteo realizado por Félix J. Velando y yo, la ganadora del libro Te vas a reír cuando te lo cuente, ha resultado ser Floren. Ponte en contacto conmigo por correo y te haremos llegar el libro firmado por el autor. Un beso a todos y gracias por seguir Mi vida con Elvis.

viernes, 25 de mayo de 2012

MI VIDA CON ELVIS (X) FÉLIX J. VELANDO

Mis amigas me preguntaban y yo les decía que me iba bien, porque eso era lo que yo me decía: me va bien, me irá mejor. Les extrañaba que aún no le hubiera llevado al piso, yo que siempre intentaba que la gente que me gusta se conozca. Decía que era tímido, que ya lo traería.

En abril era el cumpleaños de Marta y, como cada año, lo íbamos a celebrar con una fiesta en el piso. Una fiesta de disfraces temática. El año pasado "flowerpower", hacía dos "guateque". Intenté convencer a Marta para que fuera una fiesta roquera  pero se impuso la fiesta romana. Así que le dije que esa noche tendría que acudir disfrazado.

-Ya sabes que no me gusta disfrazarme. Pero por esta vez lo voy a hacer, aunque no será de romano.
-Pero es temática. Tienes que ir de romano o de romana...
-No. Iré de otra cosa. Y te voy a sorprender.

No sabía que podría sorprenderme después de habérmelo encontrado aquella tarde en una cafetería vestido de Elvis. Pero aún así esperé nerviosa su llegada, pensando en qué disfraz absurdo podría vestir y en cómo excusarlo ante mis amigos.

Cuando el piso ya estaba repleto de gente vestida con sábanas y enredaderas en la cabeza, llegó  él. Me costó reconocerlo. Llevaba unos vaqueros sencillitos, zapatos discretos y su tupé y sus patillas habían desaparecido. Caí: se había disfrazado, solo para mí, de tipo normal.

-No- me contestó- Tengo que contarte algo. Hasta ahora iba disfrazado porque quería comprobar cuanto me querías. Y si has aguantado estas semanas con un tipo disfrazado de Elvis es que me quieres de verdad.

Lo miré en silencio durante unos segundos, incapaz de reaccionar.
- ¿Contenta? Ya no me disfrazaré más. Prueba superada.

Pasaron unos segundos hasta que conseguí reaccionar.
-Vete a tomar por culo, subnormal- le dije por fin.

Y tras darle una bofetada me fui de la fiesta. Han pasado casi dos años. No lo había vuelto a ver hasta hace dos días. Estaba en un bar con una chica. Iba disfrazado de Michael Jackson y marcaba barriguilla.
FIN

jueves, 24 de mayo de 2012

MI VIDA CON ELVIS (IX) FÉLIX J. VELANDO

Esta vez acudió vestido como el Elvis del comienzo por lo que casi podía aparecer que había quedado con un rockabilly. Yo llegué seria, marcada por la trascendencia de mi mensaje. Pero ese día apenas nadie lo miraba y de pronto me hizo reír. No encontraba como decirle que aquello no podía seguir así. Sabía que no debería aplazarlo, que me sentiría mal si  me iba de allí sin contarle lo que pensaba. Y aunque estuve tentada de no hacerlo por fin se lo dije, le dije que no me gustaba nada su forma de vestir, que no comprendía esa necesidad de llamar la atención.

- No se trata de llamar la atención, de nadie, solo de vestir como me gusta- dijo-. ¿De verdad te importa tanto lo que me ponga o deje de ponerme? Creo que la gente es mucho más que eso.

Le dije que sí, que la gente era mucho más que eso, pero que no podía soportar todas esas miradas de curiosidad, de burla.

- ¿Entonces es por lo que piensan los demás?

Aquella vez fue él el que inventó una excusa para irse. Yo me sentí fatal por el retrato que aquella noche se había dibujado de mí: una chica superficial a la que le importaban sobre todo las apariencias, lo que pensaban los demás. Yo no era así pero también lo era un poco, como todos. Después de aquella última cita la piedra estaba en mi tejado. O aceptaba salir con él tal como era, tal como vestía, o debía olvidarlo de nuevo. Hay parejas que en sus finales, cuando todo es naufragio se aferran a lo poco bueno que aún encuentran en el otro para salvar la relación. Yo solo tendría que olvidar lo poco malo que él tenía para comenzar. Si conseguía pensar que salir con un tipo siempre disfrazado era poco.

Y lo llamé, lo llamé, porque me gustaba, porque me lo pasaba bien con él cuando conseguía olvidar sus vestimentas y tal vez también porque no podía dejar que nadie, comenzando por mí misma tuviera esa imagen penosa de lo que yo era.

Quedamos una tercera vez, y aunque él vino de nuevo disfrazado como Elvis yo no dije nada y me reí y me emborraché, creo que para que todo me importara menos y terminamos acostándonos y desnudo era un chico que me besaba y me decía que le gustaba mucho y todo se olvidaba y deseé que el mundo fuera siempre su cama.

miércoles, 23 de mayo de 2012

MI VIDA CON ELVIS (VIII) FÉLIX J. VELANDO


― Bueno, disfrazado no, llámalo un estilo. ¿Te importa mucho eso?
― No… yo… no sé… me extraña. En… ¿en Cádiz no ibas disfrazado?
― No. Siempre visto así. No me gustan los disfraces.

Y continuó hablando. Aunque los tenía frente a mí intenté olvidar su tupé brillante, sus gafas de sol con brillantina, esa chaqueta con flecos ajustada, las inmensas campanas de sus pantalones, y quise centrarme en su rostro, en sus ojos, tan brillantes como oscuros, en su sonrisa. Lo conseguía por segundos, aunque de pronto me veía en la mirada de los que nos observaban y solo encontraba a una tía avergonzada que hablaba con un loco vestido de Elvis. Pero no decía ninguna locura, era el mismo tipo divertido, algo socarrón y descreído que había conocido hacia casi un mes en Cádiz. El mismo tipo con el mismo tupé y la misma ropa desfasada. Cambiamos de bar. Por la calle, claro, seguían mirándolo y yo intenté actuar como si no me importara su disfraz, como si estuviera hablando con alguien vestido en Zara. Pero me importaba. Me despedí después de cenar con dos besos y una excusa improvisada. Estaba muy desconcertada para pensar en acostarme con él aunque, por otro lado, era la manera más rápida que se me ocurría de quitarle ese disfraz absurdo. Después de cuatro semanas intentando olvidarlo aparecía y lo hacía de esa forma. Me sentí estafada por el destino.

Llamó al día siguiente y no le cogí el teléfono. A él, cuya llamada había esperado tanto. Ese pensamiento me trajo otra oleada de tristeza. Tenía la sartén por el mango y no me sentía mejor por ello. Decidí llamarlo para quedar y contarle que no podía seguir viendo a alguien que iba disfrazado por la vida.